Cuando David capturó Jerusalén - Parte 2

 Por Francis Frangipane

Desde sus años de juventud David supo que Dios lo había llamado a derrotar a los jebuseos. De hecho, las Escrituras nos dicen que cuando era todavía un jovencito, después de matar a Goliat, “tomo la cabeza del filisteo y la trajo a Jerusalén” (1 Samuel 17:54). En ese tiempo Jerusalén se llamaba Jebús y estaba ocupada por los jebuseos. Era como si David  estuviera diciendo: “Ok, solo soy un joven, pero he conquistado a este gigante filisteo. Recuérdenme, porque volveré”.

 En menos de veinte años David regreso, esta vez como rey de Israel. Tal como conquistó a Goliat, conquistó también la fortaleza de los jebuseos y fue llamada, “la ciudad de David”,  pronto conocida como Jerusalén.

Cuando David capturó Jerusalén - Parte 1

 Por Francis Frangipane

Uno de los grandes errores de la Iglesia es limitar la expectativa de nuestra fe a lo que Dios hizo con las generaciones anteriores. No está mal querer lo que otros tuvieron, pero en realidad Dios tiene más para nosotros que lo ocurrido en eras pasadas. Ciertamente, muchas promesas concernientes a la iglesia deben ser cumplidas antes de que Cristo regrese. La Biblia nos dice que la iglesia experimentara no solo “tiempos peligrosos” en los últimos días (vea 2 Timoteo 3:1), sino épocas de renovación y restauración (Hechos 3:21). En consecuencia, en medio de los conflictos mundiales, el reino de Dios sobre la tierra continuara siendo renovado y restaurado ¡hasta que se amolde al reino de Dios en el cielo! Espere ver nuevas cosechas y expresiones de la gloria y el poder de Dios. ¡Deberíamos esperar ver maravillas que nuestros padres no vieron (vea Hechos 2:19 -21)! Si, y confiemos también en que las promesas que nosotros no pudimos llegar a poseer, nuestros hijos caminaran en ellas.

Su tiempo señalado aún le espera

Por Francis Frangipane

Tiempos señalados
A pesar de la creciente conmoción en nuestro mundo, un último, gran derramamiento de misericordia durante los tiempos finales permanece (ver Mateo 24:14; Hechos 2:17). Esta estación sobrenatural de gracia no es algo por lo cual debemos implorar a Dios. No, su venida ha sido predeterminada. Es un “tiempo señalado” del Señor.

Un tiempo “señalado” o “arreglado” es un abierto despliegue de la soberanía y el poder de Dios, sea llamando a una persona o llamando a una nación. Es la estación en la que Dios cumple las esperanzas y sueños de Su pueblo.

El don de discernimiento

Por Francis Frangipane

Si  vamos a servir con verdadero discernimiento, nuestra percepción debe ser renovada hasta que veamos la vida a través de los ojos de Cristo el Redentor.

Para discernir no podemos juzgar
No poseeremos un maduro y continuo discernimiento hasta que crucifiquemos nuestros instintos de juzgar. En realidad, para la mayoría de nosotros, esto puede tomar una prolongada y enfocada estación de erradicación de antiguas maneras de pensar—actitudes que no fueron sembradas en fe y amor por la gente. En verdad, si es que nos vamos a apropiar del discernimiento nacido en la “mente de Cristo”, debemos primero encontrar el corazón de Cristo (1 Cor 2:16). El corazón y el amor de Jesus se resume en Sus propias palabras: “No he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo” ( Juan 12:47). E incluso cuando el Senor nos juzga, es para salvarnos y liberarnos.