“Dadles vosotros de comer”

Por Francis Frangipane

Lo que yo he llegado a creer respecto a la gloria del Señor y su manifestación en la iglesia está respaldado por muchas escrituras.  Más fue, a través de una visión durante de la noche en 1971 que  el Espíritu Santo me revelo las horas finales de esta era.

En este encuentro espiritual, vi una gran metrópolis languideciendo bajo el peso de profundas y terribles tinieblas. Grabado sobre los rostros de aquellos en esta desdichada sociedad estaba la imagen de la desesperanza. El lugar estaba desolado y sin vida real, y el tiempo para una recuperación parecía haberse pasado.

Yo estaba con un grupo fuera de la ciudad.  Nosotros no éramos parte de las tinieblas, sino que habíamos sido “bautizados” en una gloriosa y poderosa luz.  Yo experimente realmente el poder de este resplandor vivo levantándose desde mi ser interior.  Nos recorrió pasando a través de nuestras manos como torrentes de rayos laser; un visible esplendor brilló desde nuestros cuerpos, especialmente en nuestros rostros.

El modelo verdadero

Por Francis Frangipane

Una cosa es ser capaz de discernir lo que es falso, pero de mucho más valor es conocer claramente el patrón de la verdad. Así, Pablo utiliza el capitulo tres de Filipenses para revelar la actitud de su corazón. Al hacerlo, nos da el patrón o modelo de lo que debemos buscar como cristianos.

Luego de presentar su notable linaje, Israelita de nacimiento; Fariseo de acuerdo a la Ley, perseguidor de la iglesia y de acuerdo a la definición de justicia de la Ley, irreprensible – Pablo renuncia luego a las cosas mismas que alcanzo o logro, diciendo: “Pero cuantas cosas eran para mi ganancia, las he estimado como perdida por amor de Cristo” (v. 7).

 Para los maduros, ningún puesto u opinión de hombre puede reemplazar “la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús (nuestro) Señor.” El más asombroso de los logros “lo tengo por basura para ganar (nosotros) a Cristo” (v. 8).

La misericordia triunfa sobre el juicio

Por Francis Frangipane

Hoy en día, multitud de cristianos “creyentes de la Biblia" no se detienen antes de exhalar su ira y amargura hacia los Estados Unidos de Norteamérica y sus pecados. Es comprensible, ha habido mucho por qué llorar. Debemos estar profundamente perturbados, como Lot, con la "conducta de hombres sin principios morales" (2 Pedro 2: 7NBLH). Si no tomamos acción ungida, debemos como mínimo ser movidos al llanto y a la oración.

Sin embargo, en el momento en que pensamos que nuestra guerra es "contra  carne y sangre", o comenzamos a pedir la ira divina contra las personas, nos salimos de la voluntad de Dios. De hecho, cuando los discípulos de Jesús pidieron que cayera fuego sobre los samaritanos, Él claramente les dijo: "Vosotros no sabéis de qué espíritu sois" (Lucas 9:55).

Éste es exactamente nuestro problema: la gente de la iglesia no conoce la diferencia entre un espíritu crítico y el Espíritu de Cristo, el Redentor. De hecho, no somos enviados como profetas del Antiguo Testamento, clamando fuego y juicio sobre los pecadores.