Humildad más fe es igual a irrumpimiento

Por Francis Frangipane

Cuando imaginamos la idea de buscar a Dios con nuestros rostros inclinados, la imagen que viene a la mente es de postrados ante nuestro Padre celestial, y así debe ser. Nos acercamos a él con humildad abnegada. Como representantes de las naciones, estamos confesando a Dios nuestros pecados y los pecados de nuestras culturas, implorándole que extienda la misericordia y el perdón, pidiéndole que se mueva en Su compasión y sane nuestras tierras.

Sin embargo, en la humildad de nuestras almas, no descartemos la realidad y el poder de la fe. Porque sin fe es imposible agradarle a El (Hebreos 11: 1-6). Sí, inclinémonos,  pero también parémonos en fe, porque la mezcla de humildad y fe es una fragancia potente.