Por Francis Frangipane
Muchos cuestionan la idea de que, siendo simples humanos, realmente podamos percibir los pensamientos del Señor. Hemos escuchado con demasiada frecuencia a quienes proclamaron que "Dios les dijo" tal o cual cosa cuando no era verdad. Aun así, ¿debería descalificarnos el hecho de que otros no escuchen con claridad para alcanzar el potencial declarado en la Escritura? Que los fracasos de otros no detengan nuestra búsqueda de la semejanza de Cristo. Otros argumentan, incluso usando la Escritura: "¿Quién conoció la mente del Señor?" (1 Cor. 2:16).
Sí, ciertamente, el Señor tiene Su bolsillo lleno de asombrosas sorpresas. No estoy diciendo que podamos "descifrar" todo lo que hay en la naturaleza divina. Solo afirmo que no tenemos que caminar dormidos o flotar por la vida; podemos ser guiados por una palabra verdadera y viva de Dios dirigida personalmente a nosotros.
El llamado de lo alto
Poseyendo la mente de Cristo
Ver como Jesús ve
El espiritual juzga todas las cosas; pero ell no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.” (1 Cor. 2:14-16).
Esta revelación es impresionante: nosotros tenemos la mente de Cristo. Dios quiere que tengamos el discernimiento mismo de Cristo.
O considere nuevamente lo que Pablo le escribió a los Gálatas. El dijo, “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros" (Gal 4:19).
Los críticos llamaran herejía a la revelación de Cristo en nosotros, como si todo lo que íbamos a tener era el nombre, pero no la naturaleza de Jesucristo.
El poder de una vida que trasciende
Hay muchísimos libros escritos hoy sobre cómo desarrollar nuestros dones espirituales o descubrir nuestro propósito; la mayoría de ellos son absolutamente dignos de nuestra atención. Reconocer nuestros dones y ser entrenados para servir a Dios en nuestro llamado individual es parte de hacer Su voluntad. Sin embargo, existe un objetivo más profundo y esencial —una meta que, en última instancia, es mucho más valiosa tanto para Dios como para nosotros mismos. Estoy hablando de la búsqueda genuina de poseer la semejanza de Cristo.
Nos maravillamos de la vida de Pablo. Este fue un hombre que escribió las Escrituras, que llevó a miles a Cristo; fundó iglesias y era competente en todos los dones espirituales. Sin embargo, lo que lo impulsaba en la vida no era su llamado, sino su pasión por ser como Cristo. Él lo expresa profundamente en Filipenses 3:10. Escribió:
"a fin de conocer a Cristo y el poder de su resurrección, y de participar de sus padecimientos, para llegar a ser semejante a él en su muerte".
Mi preocupación es que, a lo largo de los años, he visto demasiadas personas que se dedicaron a perfeccionar sus dones o ministerios, pero descuidaron la búsqueda más profunda de la conformidad a Cristo. Buscar realización espiritual en "nuestro ministerio" o "nuestro don" es caminar por un sendero que, en realidad, nos aleja del verdadero cumplimiento.
Permíteme reforzar este punto sobre la naturaleza de nuestro llamado: mi llamado no es el elemento central de mi destino. El llamado de una persona es una combinación de preparación divina y una asignación presente. Un llamado a menudo se desarrolla o incluso cambia a lo largo de las estaciones de la vida. Por importante que sea nuestro llamado, el núcleo de nuestro destino no está arraigado en lo que hago para Dios, sino en la conformidad de mi corazón con el de Cristo. La semejanza a Cristo es mi destino. Dios puede usar mi llamado para perfeccionar esa semejanza, pero el propósito de mi existencia es llegar a ser como Jesús. Los dones espirituales y las asignaciones ministeriales son solo pasajeros en el automóvil mientras viajo hacia la plenitud de Cristo.
Predestinados para ser conformados
Hablando del destino, Pablo escribió: "Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fueran hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos" (Romanos 8:29). ¿Lo vemos? Estamos "predestinados para ser conformados" al Hijo de Dios. Cuando el Nuevo Testamento habla de destino, casi siempre es en el contexto de llegar a ser como Cristo. Un "llamado" o tarea puede ser servir como pastor, maestro, ama de casa o en el ámbito laboral, pero sin importar mis responsabilidades externas, mi destino central —la realidad que continúa desarrollándose dentro de mí sin importar las circunstancias externas— es abrazar una vida "conforme a la imagen del Hijo de Dios".
Verás, nuestro destino no es lo que hacemos para Dios, sino en quién nos convertimos para Él. A medida que buscamos la semejanza a Cristo, nuestro amor por Dios se vuelve más rico, nuestro testimonio a los pecadores más poderoso y nuestra vida secreta más santa. Al buscar la conformidad con Jesús, descubrimos que todos nuestros deseos espirituales están enraizados y nutridos por la conformidad con Él.
Separados de Él, podemos pensar que estamos haciendo cosas grandes o importantes, pero Cristo nos dice: " El que no permanece en mí, será desechado como pámpano, y se secará" (Juan 15:1-8). Con Cristo, sin embargo, incluso en medio de conflictos, pruebas y tentaciones, manifestamos "la vida de Jesús… en nuestra carne mortal" (2 Corintios 4:8). Esta, en verdad, es la vida trascendente de Dios.
Los dones y los llamamientos
Es para nuestra vergüenza en Occidente que muchos de nuestros seminarios no se enfoquen en llegar a ser como Cristo, sino que se dediquen principalmente a la teología y la hermenéutica. Obviamente, necesitamos conocimiento bíblico correcto, pero aún más necesitamos conformidad con Cristo. Incluso en nuestras iglesias trabajamos para ver a las personas liberadas en "sus dones", y que nunca dejemos de hacerlo. Pero no descuidemos la obra más fundamental de ver la semejanza de Cristo estructurada en la actitud congregacional.
Pablo enseñó que los dones y el llamamiento de Dios eran "irrevocables" (Romanos 11:29). El apóstol estaba escribiendo sobre Israel y el lugar irrevocable que tiene en el futuro de Dios, pero el principio del que habla también es cierto para nosotros: el llamamiento de Dios sobre nuestras vidas y Sus dones permanecen como realidades vivas, independientes de nuestro estado del corazón. Los dones y el llamamiento de Dios existen "sin arrepentimiento".
Un pastor aún puede predicar e incluso inspirar a la congregación, aunque esté viviendo en pecado serio. Su "llamado" no depende del estado actual de su justicia. Un líder de alabanza que comete adulterio el sábado por la noche aún puede conmover a una congregación el domingo por la mañana porque su don todavía funciona "sin arrepentimiento" de su pecado. El evangelista que llora mientras salva almas, incluso después de haber pasado la noche borracho, piensa que Dios ha excusado su iniquidad. Sin embargo, aunque el Espíritu Santo esté obrando a través de los dones del ministro, el hombre mismo está en grave peligro. Porque después de haber predicado a otros, él mismo podría ser descalificado (1 Corintios 9:27). Todos hemos visto dones y llamamientos permanecer funcionales aunque las personas llevaran vidas dobles, con corazones atrapados en el pecado.
El hecho de que los dones y el llamamiento de Dios operen algo independientes de nuestro carácter nos dice que Dios usará a personas imperfectas. Pero aún así debemos tener cuidado. Puede llegar un día en que miremos nuestros dones o ministerio y clamemos: "Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?" Pero Cristo no lo aceptará. En cambio, pronunciará esas palabras terribles: "Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mateo 7:21-22).
Verás, nuestros dones son necesarios y entender nuestro llamado es vital. Sin embargo, alcanzar la naturaleza de Cristo es nuestro destino.
Amados, al acercarnos al fin de la era, una nueva prioridad está llegando al pueblo de Dios: la recapitulación de "todas las cosas en Cristo" (Efesios 1:9-10). Tanto nuestros dones como nuestro llamado deben servir a nuestro destino, que es revelar la naturaleza de Cristo. El enfoque que trae significado y plenitud es aquel que trabaja para conformarnos interiormente a Cristo. Nuestras vidas deben convertirse en "fragancia de Cristo para Dios" (2 Corintios 2:15). Sí, el camino hacia la semejanza a Cristo es el camino hacia la vida trascendente de Dios.
Ámame donde estas
He descubierto que, al buscar a Dios, nuestros periodos más difíciles pueden transformarse en maravillosos irrumpimientos hacia el amor de Dios. Para mí, una de esas estaciones ocurrió durante los años 1979 a 1981. La asociación de Iglesias con la cual yo estaba alineado había caído bajo engaño espiritual. No solamente sus doctrinas medulares estaban más y más sembradas con influencias de la Nueva Era, sino que la inmoralidad había entrado sigilosamente, y líderes claves comenzaron a dejar a sus esposas por otras mujeres. No pude mas quedarme callado. Como resultado, en 1979 deje mi congregación en Detroit, Michigan, donde había pastoreado y viaje a las oficinas regionales de la organización en Iowa. Yo vine a suplicar por arrepentimiento, sin embargo, luego de reunirme con los líderes principales, se me pidió que abandonara al grupo.
De una visita a una habitación permanente
Por Francis Frangipane
No había habido profeta en Israel por más de 400 años. Ahora, en el espíritu y el poder de Elías, Juan el Bautista se levantó en el desierto de Judea. Relámpagos parecían salir de sus ojos mientras su mensaje tronaba a través del terreno de las almas humanas delante de él. ¡La tormenta de Dios había regresado!
Los historiadores nos dicen que el ministerio penetrante de Juan llevó a casi un millón de personas a un bautismo de arrepentimiento. Fue un comienzo sin precedentes para un tiempo de visitación. Fue en esta atmósfera electrificada de fe despertada que Jesús vino, trayendo milagros nunca antes vistos en la historia de Israel. La presencia del Dios viviente fluía a través de Cristo; Su mensaje era incomparable: ¡el reino de los cielos se ha acercado!