Por Francis Frangipane
En el libro de Apocalipsis hay una maravilla: "…en medio y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos por delante y por detrás… alrededor y por dentro” (Ap. 4:6, 8). Nuestro propósito aquí no es desgastarnos en especulaciones sobre estas criaturas. Nuestra meta es poseer esa pureza de corazón que proviene de vivir en la conciencia de Dios. Buscamos la visión abierta que se manifiesta en Su trono.
Aunque estos "seres vivientes” pueden representar muchas cosas, una cosa es cierta: Juan no estaba viendo una visión pesadillesca de bestias de seis alas con docenas de ojos cubriendo sus cuerpos. Lo que Juan vio fue el símbolo de una verdad más profunda. Los muchos "ojos” representan la visión abierta y omnipresente que es resultado de estar en la presencia de Dios.
Percepción de Revelación en el Trono de Dios
Pureza y compromiso
Por Francis Frangipane
Hace años, soñé que era el pastor de un pequeño orfanato en Asia. El orfanato tenía una camioneta antigua que necesitaba reparación; yo estaba acostado de lado examinando el chasis cuando, de repente, varios soldados entraron a nuestro pequeño predio y bajaron de sus vehículos. Me estaban buscando a mí, "el misionero estadounidense". Si me encontraban, significaba que sería torturado y encarcelado. Como no habían dañado a ninguno de los niños ni a los otros trabajadores, sentí que mi mejor alternativa era simplemente quedarme inmóvil, ya que estaba algo oculto, y orar para que se fueran pronto.
Podía ver sus botas mientras caminaban hacia el otro lado de la camioneta donde yo estaba acostado. Tenía un vaso de agua en la mano; sin embargo, cuando intenté ponerlo sobre el pavimento, comenzó a tintinear, así que me detuve y lo mantuve en el aire. Pronto, mi mano comenzó a temblar debido a la posición incómoda en la que estaba y también por la cercanía de las tropas. De repente, sentí dos manos que tocaban firmemente los costados de mi espalda. Esas manos me calmaron y me fortalecieron. Eran las manos de un amigo mío, un recién convertido a Cristo, que era uno de los trabajadores del orfanato. Como era costumbre en esta cultura asiática, este joven creyente había tomado un nombre espiritual que representaba la nueva naturaleza en Cristo; ese nombre era "pureza y compromiso".
Los soldados se fueron y la paz volvió a la misión. Sin embargo, el toque de las manos que me había sostenido también me despertó del sueño. Y mientras me despertaba, percibí una fragancia de lo más exquisita. Era diferente a cualquier aroma que haya conocido jamás. Su dulzura no solo llenaba la habitación, sino que limpiaba el aire como la brisa purificadora después de una tormenta. Sinceramente, nunca he conocido una fragancia más hermosa o cautivadora.
Mientras esperaba delante del Señor, el Espíritu Santo me advirtió que se avecinaban pruebas difíciles. En algunas tierras habrá ley marcial y un aumento en la represión gubernamental contra los cristianos; en otros lugares, las tentaciones de la carne se intensificarán. Estos días serán difíciles para muchos cristianos. Él dijo que seremos tentados, pero que, si abrazamos la "pureza y el compromiso" como nuestro amigo, hallaremos una nueva fuerza que nos sostendrá en nuestro momento de necesidad.
Finalmente, mientras la fragancia permanecía en la habitación, comprendí que esta era la fragancia que el Señor percibía cuando Sus hijos se mantenían fieles a Él durante la batalla. Me di cuenta de que, cuando nos proponemos a mantenernos puros a pesar de la tentación, nos convertimos literalmente en "un olor fragante de Cristo para Dios..." (2 Cor. 2:15).
Una guerra motivada en el amor
Por Francis Frangipane
Jesús sabía que este mundo era una esfera sitiada por el reino satánico. El planeta Tierra no era un lugar de paz, sino un reino en guerra. A partir de la expulsión de Lucifer y sus ángeles del cielo, a la tentación en el Jardín del Edén, a Babilonia y la multiplicación de las naciones bajo influencia satánica, el planeta Tierra ha sido un mundo asediado. La idea de que de alguna manera nuestra época está menos amenazada por el mal es el mayor de los engaños. Debemos pelear si es que vamos a seguir a Cristo hacia la victoria.
No importa cuán bello o incluso inocente el mundo a nuestro alrededor parezca a veces, recuerde que en el paraíso mismo había una serpiente. Si Adán y Eva hubieran tenido una mentalidad de guerra, jamás habrían aceptado las mentiras de Lucifer. De la misma manera hoy en día, tenemos que ser prudentes y caminar con cuidado, ya que " los días son malos " (Efesios 5:16).
El llamado de lo alto
Por Francis Frangipane
Muchos cuestionan la idea de que, siendo simples humanos, realmente podamos percibir los pensamientos del Señor. Hemos escuchado con demasiada frecuencia a quienes proclamaron que "Dios les dijo" tal o cual cosa cuando no era verdad. Aun así, ¿debería descalificarnos el hecho de que otros no escuchen con claridad para alcanzar el potencial declarado en la Escritura? Que los fracasos de otros no detengan nuestra búsqueda de la semejanza de Cristo. Otros argumentan, incluso usando la Escritura: "¿Quién conoció la mente del Señor?" (1 Cor. 2:16).
Sí, ciertamente, el Señor tiene Su bolsillo lleno de asombrosas sorpresas. No estoy diciendo que podamos "descifrar" todo lo que hay en la naturaleza divina. Solo afirmo que no tenemos que caminar dormidos o flotar por la vida; podemos ser guiados por una palabra verdadera y viva de Dios dirigida personalmente a nosotros.
Poseyendo la mente de Cristo
Ver como Jesús ve
El espiritual juzga todas las cosas; pero ell no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.” (1 Cor. 2:14-16).
Esta revelación es impresionante: nosotros tenemos la mente de Cristo. Dios quiere que tengamos el discernimiento mismo de Cristo.
O considere nuevamente lo que Pablo le escribió a los Gálatas. El dijo, “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros" (Gal 4:19).
Los críticos llamaran herejía a la revelación de Cristo en nosotros, como si todo lo que íbamos a tener era el nombre, pero no la naturaleza de Jesucristo.