La fortaleza de la semejanza a Cristo

Por Francis Frangipane

El más alto propósito de Dios
La mayoría de los cristianos solo se comprometen en la batalla espiritual con la esperanza de aliviar sus problemas del momento, o para alcanzar existencias "normales". Sin embargo, el propósito de todos los aspectos de la espiritualidad, inclusive el de la batalla, es llevarnos a la imagen de Cristo. Nada, ni la alaban­za, ni la guerra, ni el amor, ni la liberación, se obtienen en verdad, si fallamos en ese objetivo singular de nuestra fe: la semejanza con Cristo.

Recordemos que Dios libero a los antiguos hebreos y los sacó de Egipto para poder llevarlos a la tierra prometida. De manera similar, El nos libero y nos salvo del pecado, no para permitirnos vivir para nosotros mismos, sino para que pudiéramos llegar a la seme­janza con Jesus. Lo que llamamos “salvación” es la primera fase del ser conformados a Cristo. Si fracasamos en ver esto, fácilmente nos  encontraremos metidos en los mismos pecados que nos oprimieron en primer lugar.

Donde un Alma Desolada Encuentra a Dios

Por Francis Frangipane

A pesar de que irrumpimientos están ocurriendo en varias ciudades, mucha gente buena se ha cansado. Ellos están siguiendo simplemente por rutina. El profeta Daniel advirtió sobre un tiempo en el cual el enemigo… “quebrantaría a los santos del Altísimo” (Dan. 7:25). A fin de salir victoriosos en este día, debemos ascender a la realidad que Dios nos ha dado en el Salmo 91. Hay un lugar donde volver a llenarnos de vida – una fuente de vida eterna donde podemos habitar. La Biblia llama a este lugar el abrigo del Altísimo.

Elías: Un Hombre Como Nosotros
Elías fue un hombre con pasiones como las nuestras, y el peleó en una guerra espiritual similar a la nuestra. En su batalla por el alma de Israel, se paró contra las artimañas de Jezabel y su esposo, el Rey Acab. Aun así, su batalla más intensa no fue contra los enemigos visibles sino contra el desaliento personal.

Viendo al Invisible

Por Francis Frangipane

Si  vamos a servir con verdadero discernimiento, nuestra percepción debe ser renovada hasta que veamos la vida a través de los ojos de Cristo el Redentor.

Para discernir no podemos juzgar
No poseeremos un maduro y continuo discernimiento hasta que crucifiquemos nuestros instintos de juzgar. En realidad, para la mayoría de nosotros, esto puede tomar una prolongada y enfocada estación de erradicación de antiguas maneras de pensar—actitudes que no fueron sembradas en fe y amor por la gente. En verdad, si es que nos vamos a apropiar del discernimiento nacido en la “mente de Cristo”, debemos primero encontrar el corazón de Cristo (1 Cor 2:16). El corazón y el amor de Jesus se resume en Sus propias palabras: “No he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo” ( Juan 12:47). E incluso cuando el Senor nos juzga, es para salvarnos y liberarnos.

Apresurado en su tiempo

Por Francis Frangipane
 
 No hay un solo líder de la iglesia que no crea que estamos viviendo en los tiempos finales. Exactamente dónde estamos a lo largo de la línea profética del tiempo del cielo es discutible, sin embargo, cada uno tiene su propio catálogo de confirmaciones de las señales del tiempo final. Aunque quizá sea cierto que tenemos tal vez menos de una generación antes del final de la era, debemos tener la expectativa de ver un apresuramiento divino de las realidades espirituales.
 
 De hecho, este ministerio cita a menudo a Isaías 60:1-3 con respecto a la manifestación de la gloria del Señor en la iglesia de los tiempos finales. Sin embargo, la revelación de Isaías concluye con estas palabras de ánimo: "Yo soy el Señor; cuando llegue el momento, actuaré sin demora" (v. 22). Vamos a personalizar este apresuramiento: ¡nuestra maduración y transformación se acelerará en los próximos días!

¿LA BIBLIA MENCIONA A LOS ESTADOS UNIDOS?

Por Francis Frangipane

Entonces, si el plan inmediato del Señor no es destruir a los Estados Unidos, ¿qué hay en el corazón de Dios para esta nación? ¿Hay algo en las Escrituras sobre los Estados Unidos en lo que pueda descansar nuestra fe? La Biblia tiene una serie de promesas generales que podemos aplicar a nuestra tierra. Estos, aunque carecen de referencias claras o específicas a los Estados Unidos, todavía proporcionan una base para nuestra fe. Isaías 60: 1-3 es uno de esos textos. Se lee:

"Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria del Señor ha nacido sobre ti. Porque he aquí, tinieblas cubrirán la tierra, y tinieblas los pueblos; pero el Señor se levantará sobre ti, y su gloria aparecerá sobre ti. Y las naciones vendrán a tu luz, y los reyes al resplandor de tu amanecer".
¡Piénsalo! ¡Naciones y reyes vendrán a la gloria de Cristo surgiendo en la iglesia! Independientemente del lugar del mundo en el que viva actualmente o de lo oscuro que sea el mundo a su alrededor, ¡este texto es una promesa viva para todos los que oran por su nación!

Estad quietos y sabed

Por Francis Frangipane

Es tiempo de dejar nuestros temores y estresantes ansiedades que provienen del no confiar en Dios.

Un título para el Mesías es Emmanuel, que significa " Dios con nosotros. " Jesús prometió estar con nosotros " hasta el fin del mundo" (Mateo 28:20). En algún momento tenemos que aceptar la maravilla y el poder de la promesa de Cristo. ¡Él está siempre con nosotros! Desconfiar de esta promesa es rechazar el carácter mismo de la naturaleza divina. Es un pecado grave.

En los salmos, el Señor nos da una promesa para el día en que nos encontramos. El dice,

“Estad quietos, y sabed que yo soy Dios; exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra” (Salmo 46:10).

No importa cómo se vean las cosas ahora mismo, Dios ha decretado que Él será exaltado en la tierra. No Satanás, sino Dios; no el mal, sino el bien. El infierno puede tener su momento, pero Dios ganara el día.

Durante toda  nuestra vida se nos enseña a juzgar por lo que nuestros ojos ven y nuestros oídos oyen. Hacerlo es perfectamente racional. El único problema es que cuando nuestras decisiones se basan únicamente en nuestros sentidos, perdemos la perspectiva y la sabiduría de Dios. El Dios viviente no sólo ve el fin desde el principio; en un santiamén Él puede cambiar el mundo que vemos en algo lleno de redención y gracia.

La Palabra de Dios nos dice que nos centremos en “todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad. (Filipenses 4: 8).

Vea usted, el miedo es una lente de aumento que exagera lo que mira. El diablo es un maestro ilusionista que utiliza el miedo para sacar nuestros ojos del Señor. El resultado es que nuestro nivel de estrés aumenta, y la ansiedad trae muerte a nuestro mundo. De hecho, cuanto más hablamos de lo que está mal, menos vemos lo que es correcto y bueno en nuestro mundo.

Una vez más, la Palabra nos dice: " En  arrepentimiento y  en reposo seréis salvos. En quietud y  confianza será vuestra fortaleza " (Is. 30:15).

Estad quietos. Espere en el Señor y componga su alma. No deje que sus palabras incrédulas agoten su espíritu; porque cuanto más habla, mas pierde la paz. Mantenga su alma centrada en Cristo, el Señor. Los que creen entren en Su reposo, y desde ese lugar de descanso, podemos escuchar Su voz.

Si usted sabe quién es Dios realmente, la ansiedad se desvanecerá en  confianza. ¡Por lo tanto, deje de preocuparse! Dios cuida de usted. Los que confían en Él tienen paz que sobrepasa todo entendimiento. Hable con el Señor y luego en silencio escuche. Al hacerlo, su espíritu se elevará, y su corazón se expandirá y ascenderá a Su presencia.

Se ha dicho con verdad, "El miedo es el cuarto oscuro donde Satanás revela  nuestros negativos. " Por lo tanto, renuncie al miedo. Divórciese de la ansiedad. Amados, el Señor es bueno. Confíe en Él con su batalla. Sí, es el momento de estar quieto y saber que El es Dios.

“Dadles vosotros de comer”

Por Francis Frangipane

Lo que yo he llegado a creer respecto a la gloria del Señor y su manifestación en la iglesia está respaldado por muchas escrituras.  Más fue, a través de una visión durante de la noche en 1971 que  el Espíritu Santo me revelo las horas finales de esta era.

En este encuentro espiritual, vi una gran metrópolis languideciendo bajo el peso de profundas y terribles tinieblas. Grabado sobre los rostros de aquellos en esta desdichada sociedad estaba la imagen de la desesperanza. El lugar estaba desolado y sin vida real, y el tiempo para una recuperación parecía haberse pasado.

Yo estaba con un grupo fuera de la ciudad.  Nosotros no éramos parte de las tinieblas, sino que habíamos sido “bautizados” en una gloriosa y poderosa luz.  Yo experimente realmente el poder de este resplandor vivo levantándose desde mi ser interior.  Nos recorrió pasando a través de nuestras manos como torrentes de rayos laser; un visible esplendor brilló desde nuestros cuerpos, especialmente en nuestros rostros.