Por Nada Estéis Afanosos

Por Francis Frangipane

Jesús nos advirtió que, en los postreros días, el mundo enfrentaría un despliegue de trauma. Habría guerras, terremotos y muchos otros desastres. Aun así, para Sus discípulos, El dijo “no os alarméis” (Lucas 21:9). Dijo también que, debido a las condiciones del mundo, los corazones de los hombres desfallecerían “por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra” (Lucas 21:26 – traducción literal al español de la versión en ingles de la Biblia NKJV). No solamente verdaderos eventos generarían temor mundial, sino la expectativa de dificultades haría desfallecer los corazones de los hombres.

Hoy en día, la falla cardiaca es la causa numero uno de muertes en Norteamérica. Aproximadamente cada treinta y cuatro segundos deja de latir un corazón y otra persona muere, en general abruptamente. Puede que haya muchos elementos que contribuyan a la falla cardiaca, pero una de las fuentes más importantes es la inhabilidad de manejar el estrés.

Hay veces que el estrés es inevitable – la muerte de un ser querido, la pérdida de un empleo, mudarse a una nueva casa, severa enfermedad, o atravesar un divorcio – todo esto tiene un costo. Pero la mayoría del tiempo no debería dársele lugar rápidamente a la ansiedad. El problema es que, así como la muerte entró al mundo a través del pecado de Adán (ver Rom. 5), así la sustancia de la muerte ingresa a nuestro mundo personal a través de nuestros pecados. Ciertamente, cuando cargamos estrés relacionado con la ansiedad, estamos cargando en nuestra alma un contenedor de muerte que, sin fallar, adquiere un creciente costo en nuestras vidas.

Considere nuestro mundo: Guerra y ataques terroristas pueden ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar.  Nuestra bolsa de valores y economía continúa subiendo y bajando, como una salvaje rueda gigante.  Tenemos muchas preguntas sin respuesta acerca del futuro que son Fuentes de estrés múltiples.

 Tenemos asimismo situaciones personales. Nos preocupamos sobre nuestro envejecimiento y nuestra salud. Tenemos estrés en nuestros lugares de trabajo y estrés por la falta de trabajo. Nuestros hogares deberían ser un lugar de paz, mas con frecuencia son un lugar de lucha y ansiedad, especialmente cuando nuestros hijos se vuelven adolescentes. Alguien dijo una vez, “Una madre esta tan feliz como su niño más triste”. Esto es cierto también para los padres. Todos portamos personas en nuestros corazones, y al amarlos sus batallas se tornan nuestras, añadiendo aun mas a las cargas de estrés y ansiedad que portamos.

 Si quiere saber cuan estresado está, observe su disposición cuando maneja. Si usted siempre excede el límite de velocidad, ello revela la falta de descanso en su alma. Ese apretón extra en su acelerador está continuamente ocurriendo en su corazón a lo largo del día, no solamente cuando está manejando. La forma de manejar solamente hace aparente el nivel de ansiedad con el cual hemos aprendido a vivir.



Pablo escribió, “Por nada estéis afanosos” (Filipenses 4:6). Aun así, parece que nos afanamos por todo. De hecho, el estrés relacionado con la ansiedad es tan parte de nuestras vidas que, de alguna forma, ha dejado de ser identificado como pecaminoso. Lo medicamos, pero no cambiamos los hábitos de temor que lo han causado. Mas la ansiedad es pecado. En su esencia, es una terca negación a confiar en la bondad de Dios o a descansar en Su poder. La ansiedad es producto de la incredulidad. Es un “ataque terrorista” espiritual del infierno que silenciosamente está matando a cientos de miles cada día.

Dios está con Nosotros
Por cierto, no estoy sugiriendo que nos tornemos pasivos. No obstante, estoy diciendo que deberíamos abandonar nuestros miedos y las ansiedades estresantes que vienen de no confiar en Dios. Nuestro Mesías es “Emanuel”, lo cual significa, “Dios con nosotros.” Jesús prometió estar con nosotros, incluso “hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). En algún momento debemos aceptar la maravilla y el poder de la promesa de Cristo. Aquellos que creen entraran en su reposo (Hebreos 3).  ¡El está con nosotros siempre! Desconfiar de esta promesa es rechazar el carácter mismo de la naturaleza divina. No es un asunto menor.

Aun así, incluso ahora, Jesús dice,

“Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera” (Mateo 11:28-30).

Vayamos a Él. Echemos sobre Él nuestras cargas, porque ciertamente Él tiene cuidado de nosotros. Rompamos nuestra adicción al estrés. No tenemos que estar atados en nuestro interior. El Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies (ver Rom. 16:20). La ansiedad es pecado. Rompamos la atadura de este pecado y caminemos como hijos e hijas de Dios, quienes por nada están afanosos.

Señor, perdóname por mi pecado de ansiedad. Yo renuncio al temor. Yo declaro que mi alma es Tu propiedad, que Tú has prometido tener cuidado de mi. Yo creo a Tu palabra. Vengo a Ti y encomiendo todo lo que soy a Tu amor y cuidado. En el Nombre de Jesús. Amén.

El poder de apreciar

 Por Francis Frangipane

Algunos de nosotros no podemos  comunicarnos  con nuestros seres queridos. ¿Por qué? Parte de la razón es que somos desagradecidos  respecto a ellos. Vea usted, así como Dios nos requiere  " entrar por sus puertas con acción de gracias " (Salmo 100: 4), así obtenemos  acceso y el " derecho a hablar " en los corazones de nuestros seres queridos a través de valorar genuinamente  las cosas buenas que vemos en ellos. Debemos aprender a ser agradecidos por las personas que Dios nos ha dado.

El propósito divino

Por Francis Frangipane

“Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas obran para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito" (Rom. 8:28).

Incluso antes de venir a Cristo, la frase, " todo obra para bien", era un mecanismo de supervivencia conocido para los males de la vida. Sin embargo, esta verdad espiritual realmente no es una promesa para todos. Lo que quiero decir es que hay muchas cosas en la vida - cosas horribles - que no están obrando para bien: Millones mueren que no van al Cielo. Otros languidecen en prolongada agonía, sufren de enfermedades inenarrables, trauma físico o guerra. Que del aborto, la trata de personas y la adicción a las drogas? ¿Obran estos para bien?

El espíritu que da vida

Por Francis Frangipane

Como cristianos nuestra fe nos dice que Cristo murió como pago por nuestros pecados. Creemos que Él realmente se levantó de la tumba como prueba de que ciertamente Él fue enviado por Dios. Sin embargo, es también muestra convicción que, en esta  resurrección, no sólo fueron expiados los pecados de la humanidad, sino que por medio de Cristo, un segundo Génesis comenzó.

Pablo explica: " El primer hombre, Adán, se convirtió en un ser viviente. El último Adán, espíritu que da vida " (1 Cor. 15:45). La palabra Adán significa "hombre " y es representativa de la "humanidad”. En la actualidad hay dos Adanes o dos especies del hombre. La primera especie de hombre es el descendiente del pecaminoso Adán. Su vida gira alrededor de sus deseos carnales o "naturales”. Cargan tanto el ADN de la naturaleza de Adán como  las consecuencias del pecado de Adán. Este hombre natural se centra en satisfacer las necesidades de su alma. Ciertamente el es un "alma viviente", pero es controlado por los miedos, las necesidades físicas, las limitaciones intelectuales, el entorno cultural y el pecado.

Quien no se ofende - Parte 2

 Por Francis Frangipane

“Entonces muchos se ofenderán, y se traicionaran unos a otros…Y debido al aumento de la iniquidad, el amor de muchos se enfriara” (Mateo 24:10-12 Traducción literal de la versión en ingles KJV).

La secuencia que lleva a la apostasía
En nuestra última enseñanza observamos las ofensas y examinamos el efecto letal que un espíritu ofendido puede tener sobre nuestras vidas. Discutimos como la única forma de no permanecer ofendido por siempre es alcanzar el corazón que no se ofende de Jesucristo.

Alcanzar a poseer el corazón de Cristo no es un asunto menor. Recuerde, Jesus advirtió que en los últimos días “muchos” serian ofendidos.  Un espíritu herido no es lo mismo que un espíritu ofendido – una ofensa tiene lugar cuando no procesamos nuestras ofensas a la manera de Cristo.  De hecho, un espíritu ofendido, al que se deja sin prestar atención y rumiando en nuestras mentes, prontamente se manifestara como una traición, odio y amor frio. Jesus dijo que las ofensas serian la causa última que llevaría a muchos a apartarse de la fe. Escuche bien: en el versículo ut supra, Jesus conecto la real causa de la apostasía no solamente con doctrinas erróneas, sino con reacciones erróneas