La Verdad es una persona

Por Francis Frangipane

Como hemos dicho muchas veces, nuestro destino es, en primer lugar,  alcanzar la semejanza a Cristo. En el camino, nos quedaremos cortos; tendremos mucho que aprender, reaprender y desaprender; nos enfrentaremos a muchos obstáculos, pero nuestra visión de la vida no debe desviarse de este objetivo.

En el camino, habrá también  maestros y ministros falsos. ¿Cómo podemos discernir lo verdadero de lo falso? En respuesta a esta importante pregunta, la Biblia misma ofrece una serie de pruebas fundamentales para autenticar la validez de las doctrinas de alguien. Una de las pruebas, en particular, proviene del apóstol Pablo. Él escribe:

Juicio justo

Por Francis Frangipane

 En mis diversos escritos y mensajes públicos, he instado a la iglesia a resistir las tendencias de la ira y el amargo cinismo que existe en nuestro mundo. En su lugar, busquemos poseer los “más altos... pensamientos” de Cristo (Isa. 55:9).

En verdad, nuestro llamamiento es a servir a Dios como embajadores de Cristo. (Ef. 6:20). Un embajador no solamente está comprometido a representar a su líder; el embajador es alguien que sabe lo que el gobernante piensa en realidad y lo que diría.  El tiene comunicación regular con ese líder y está al día con los objetivos del líder tanto a corto como a largo plazo del líder. Si el embajador no conoce el punto de vista del gobernante, el ha sido entrenado para no dar su opinión, debe esperar hasta que escuche de parte de aquel a quien representa. El mundo no quiere saber lo que pensamos. Hay cerca de siete billones de opiniones hoy en día en el mundo; lo que las naciones necesitan no es escuchar nuestra opinión, sino escuchar a Aquel que representamos: nuestro Rey Jesucristo.

Poseyendo la plenitud de Cristo

Por Francis Frangipane

Hemos instruido a la Iglesia en casi todo menos en volverse discípulos de Jesucristo. Hemos llenado a la gente con doctrina en vez de la Deidad; les hemos dados manuales en vez de a Emanuel. No es difícil reconocer a alguien de origen Pentecostal, Bautista, Carismático o de la iglesia tradicional. Casi todas las congregaciones parecen desarrollar un sesgo particular o sistema de tradiciones, algunas de las cuales en última instancia ocultan la sencillez y pureza de la devoción a Cristo. Podemos honrar nuestras tradiciones, pero no debemos ser  limitados por ellas. Para nosotros, nunca serán suficientes. Estamos tratando de ser como Jesús, no como los hombres. Queremos  el reino de Dios, no el típico cristianismo americano.

Un propósito: Revelar la plenitud de Cristo

Por Francis Frangipane

La virtud de cualquier institución no es tanto sus doctrinas o su estructura, sino que reside en la calidad de las personas que produce.

Una unción nueva y fresca
Algunos de ustedes han estado luchando, sin saber lo que Dios tiene para usted. Han pasado por una temporada en la cual el Señor les ha revelado la necesidad que tienen de El en forma muy dramática.  Jesús mismo ha estado cerca de usted; sin embargo, Su cercanía no fue  simplemente en forma de  bendiciones externas sino en la forma de Su cruz. Sin embargo, usted se ha deleitado en esto, porque  el camino de la cruz se ha convertido cada vez más en el camino de su vida.

Las cosas que contribuyen a la paz

Por Francis Frangipane

“Cuando se acercó, al ver la ciudad, lloró sobre ella" (Lucas 19:41).

Si Jesús viniera hoy y contemplara  las divisiones y la falta de oración en su Iglesia,  ¿lágrimas inundarían  sus ojos como  una vez lloró sobre Jerusalén? Incluso ahora mismo creo yo que las manos del Señor se extienden en  amor hacia la Iglesia en nuestras ciudades. Sabiendo que no podemos ganar la guerra en toda la ciudad aislados, como congregaciones individuales;  Cristo anhela que nos unamos.

La unidad en la iglesia nacida de nuevo no es un informal reflejo  en el corazón de Cristo. Él dijo: " ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste!” (Lucas 13:34)

El lugar de edificación del templo

Por Francis Frangipane

Dos Templos
Las Escrituras se refieren a dos tipos de templos: uno hecho de piedra, el cual fue construido en Israel, y otro hecho de carne, el cual es la iglesia. El primer templo, el de Salomón, fue construido en el lugar específico que Dios había elegido. De la misma forma que el Señor escogió cuidadosamente el lugar donde se habría de edificar el templo de piedra, El está mirando en nuestros corazones, buscando hacer de nosotros Su templo de carne.

Dos importantes acontecimientos contribuyeron decisivamente en la designación del lugar del templo. Estos hechos se desarrollaron a lo largo de muchos años pero fueron sin embargo un retrato de lo que nosotros debemos llegar a ser. El primero lo encontramos en la vida de Abraham.