La fortaleza del piadoso: la humildad

Por Francis Frangipane

Satanás teme a la virtud. Le aterroriza la humildad y la aborrece. Ve a una persona humilde y siente escalofríos por la espalda. Se le paran los pelos cuando los cristianos se arrodillan, porque la humildad es rendir el alma a Dios. El diablo  tiembla ante el manso, pues en las mismas áreas donde una vez tuvo acceso ahora se levanta el Señor y Satanás le tiene terror a  Jesucristo.

¿Realmente contra quién luchamos?
Antes de lanzarnos en la lucha espiritual debemos reconocer que la fuente inmediata de muchos de nuestros problemas y opresiones no es demoníaca, sino carnal en su naturaleza. Un aspecto de nuestra vida, nuestra naturaleza carnal, siempre será blanco del diablo. Estas áreas carnales suministran a Satanás una avenida de acceso lista para minar y luego  neutralizar nuestro caminar con Dios.

La descendencia de Cristo

Por Francis Frangipane

¿No es esta la maravilla y el misterio, sí, y el poder, de la cruz de Cristo? En angustia y dolor, herido de corazón y  alma, todavía se ofreció a sí mismo por los pecados de sus verdugos. Sin evidencia visible de éxito, considerado un pecador y un fracaso delante del hombre, Él valientemente se mantuvo fiel a la misericordia. El dejó que el amor alcanzara su perfección más gloriosa cuando pronunció las inmortales palabras: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34).

Cristo pudo haberse escapado. Le dijo a Pedro cuando venían los romanos a arrestarlo, “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?” (Mateo 26:53). En menos de un latido de su corazón, los cielos hubiesen estado cubiertos de legiones de ángeles guerreros. Sin embargo, en lugar de condenar a la humanidad, se “entrego a Si mismo como ofrenda de expiación” (Isaías 53:10, énfasis añadido). A través de Él la misericordia triunfó sobre el juicio (Santiago 2:13).