El Ejército de Adoradores de Dios

Por Francis Frangipane

Cuando las escrituras se refieren a los “huestes celestiales”, generalmente pensamos en un “coro de ángeles”. La palabra “hueste” en la Biblia, significo “ejercito” (Josué 5: 13-14) Es una verdad importante: las huestes del cielo son ejércitos adoradores. Sin lugar a dudas, ninguno que no sea primero un adorador de Dios, puede hacer guerra espiritual.

El Asunto Central en la Tribulación: La Adoración
Uno no tiene que ir profundo dentro de la revelación de Juan en Apocalipsis para descubrir que tanto Dios como el diablo están buscando adoradores. (Ver Apocalipsis 7:11; 13:4; 14:7,11). Vez tras vez, nuevamente la línea se marca entre aquellos que “adoran a la bestia y a su imagen “y aquellos que adoran a Dios.

Cuando Volvernos Nada es Mejorar

Por Francis Frangipane

En el comienzo, la tierra estaba desordenada y vacía, pero esto no desalentó al Omnipotente. El miró las tinieblas sobre la faz del abismo y llego a la conclusión, “¡Todo lo que necesita es luz!”  De la misma manera, en el comienzo de nuestra vida espiritual, también nosotros estamos “desordenados y vacios” y Dios, con la misma confianza, aun dice, “¡Todo lo que necesitan es luz!” Recuerde: es responsabilidad del Señor crear y nuestra responsabilidad sujetarnos a Su creación.

El Señor solo necesita tres cosas para crear vida. Primero, necesita “la nada.” El Omnipotente siempre comienza Su gran y creativa obra con “nada” (¡esto es muy importante porque es aquí donde entramos nosotros!). Luego, Su Espíritu necesita moverse sobre la “nada.” Y, finalmente, El necesita Su Palabra, la cual es el “algo” que El va a poner en lugar de la nada.”

A éste miraré

Por Francis Frangipane


Trascendente y libertadora humildad
De todas las virtudes, Jesús elevó a la mansedumbre por encima de las demás. ¿Por qué? La humildad es lo que abre la  puerta a la gracia: ninguna virtud entra en nuestras vidas, a menos que la humildad le invite a que  entre. Sin humildad, no tenemos sensibilidad o no nos damos cuenta de nuestra necesidad personal; no vemos ninguna razón para cambiar o para apropiarnos de la gracia.

Más todavía, la humildad no solamente el anfitrión de las demás virtudes, es también la esencia de  vida que las  sostiene. Es la humildad que reconoce cuando el amor se está enfriando y es la humildad la que confiesa nuestra necesidad de una mayor fe. Sin humildad, nuestras virtudes se petrifican en  estatuas sin vida en el santuario de nuestro corazón. Así, la humildad sustenta el desarrollo de la verdadera nobleza espiritual. Proporciona  aumento de integridad,  vida y el crecimiento de todas las demás virtudes.