La fortaleza del piadoso: la humildad

Por Francis Frangipane

Satanás teme a la virtud. Le aterroriza la humildad y la aborrece. Ve a una persona humilde y siente escalofríos por la espalda. Se le paran los pelos cuando los cristianos se arrodillan, porque la humildad es rendir el alma a Dios. El diablo  tiembla ante el manso, pues en las mismas áreas donde una vez tuvo acceso ahora se levanta el Señor y Satanás le tiene terror a  Jesucristo.

¿Realmente contra quién luchamos?
Antes de lanzarnos en la lucha espiritual debemos reconocer que la fuente inmediata de muchos de nuestros problemas y opresiones no es demoníaca, sino carnal en su naturaleza. Un aspecto de nuestra vida, nuestra naturaleza carnal, siempre será blanco del diablo. Estas áreas carnales suministran a Satanás una avenida de acceso lista para minar y luego  neutralizar nuestro caminar con Dios.

Dos cosas, tan solo dos cosas

 Por Francis Frangipane

Existen tantas cosas que ocupan nuestras mentes, tantos libros, tantos ejemplos, y tantas buenas enseñanzas que merecen nuestra atención, que dicen: “Aquí hay una verdad.” Pero mientras he servido al Señor en estos años pasados el me ha guiado a buscar dos cosas, tan solo dos cosas: Conocer el Corazón de Dios en Cristo, y conocer mi propio Corazón a la luz de Cristo.

Conociendo el corazón de Dios
He estado procurando conocer a Dios, escudriñando para conocerlo y conocer la profundidad de su amor hacia su pueblo. Yo quiero conocer el Corazón de Cristo y la compasión que lo motiva. Las Escrituras lo dicen claramente: Jesús amaba a la gente. El evangelio de Marcos nos cuenta que después de que enseno y sano a multitud de enfermos, la gente tuvo hambre. Cristo en su compasión la vio como “ovejas que no tenían pastor” (Mateo 6:34). Para el no fue suficiente ensenarles y sanarlos. Se hizo personalmente cargo de las necesidades de cada uno. Tanto el bienestar físico, como su alimento eran importantes para Él.

El don de las heridas

Por Francis Frangipane

El mundo y todo lo que contiene fue creado con un solo propósito: ser una vitrina para exponer la grandeza del Hijo de Dios. En Jesús, la naturaleza de Dios se revela en perfección y magnificencia. Él es la “imagen misma” de Dios (Hebreos 1:3). No obstante, mirarle a Cristo es también ver el modelo de Dios para el hombre. Al buscar ser como Él, descubrimos que nuestra necesidad fue creada para ser suplida por el Todo Suficiente Dios. También vemos que, cuando empieza a triunfar la naturaleza redentora de Cristo en nuestras vidas, la misericordia empieza a triunfar en el mundo que nos rodea.

¿Cómo sabremos que el avivamiento ha llegado? Mira, este es el despertar que buscamos: hombres y mujeres, jóvenes y viejos, todos conformados a Jesús. ¿Cuándo comenzará el avivamiento? Comienza en el momento en que decimos “sí” a ser como Él; se transmite a otros a medida que Cristo es revelado a través de nosotros.