El Deleitarse en Permanecer Oculto

Por Francis Frangipane

El deseo de ser reconocido y apreciado por otros es básicamente naturaleza humana. Después de sanar a diez leprosos, Jesús mismo pareció perturbado cuando, solamente uno regresó a darle las gracias (vea Lucas 17). Sin embargo mientras el deseo de ser ocasionalmente apreciado no es pecado, puede convertirse en pecado cuando nuestro objetivo cambia de buscar la gloria de Dios a buscar el elogio del hombre. Debemos determinar que nuestro servicio a la humanidad este guiado por una más elevada y enfocada obediencia a Dios.

Jesús vivió solamente para la gloria de Dios. Nosotros, sin embargo, con demasiada frecuencia buscamos la alabanza del hombre. A pesar del hecho de que Jesús repetidamente afirmó que el Padre, quien ve en secreto, nos recompensará. (Vea Mateo 6), permanecemos ofendidos si no recibimos crédito por nuestras buenas obras. Esta búsqueda de reconocimiento puede convertirse en una fuente de motivos falsos y fracasadas expectativas; puede dar lugar a celos, orgullo y ambiciones egoístas si no tenemos cuidado.

El néctar de su amor. Parte 2

Por Francis Frangipane

El regreso de Cristo no es simplemente una historia de guerra, es una historia de amor. Leemos sobre el amor de Cristo y aceptamos la veracidad doctrinal de Su promesa, pero ¡cuán diferentes seríamos tanto en fe como en acción si realmente viviéramos en la plenitud de Su amor!

En el capítulo 3 de su carta a los Efesios, Pablo oró para que la iglesia fuera fortalecida con poder por su Espíritu [el Espíritu de Dios] en [nuestro] hombre interior. Este empoderamiento interior no es solo para que podamos resistir, sino para que  para que Cristo habite en sus [nuestros] corazones por medio de la fe de modo que, [nosotros] siendo arraigados y fundamentados en amor, [seamos] plenamente capaces de comprender, junto con todos los santos, cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento para que así [seamos] llenos de toda la plenitud de Dios (Efesios 3: 17-19).

El néctar de su amor. Parte 1

Por Francis Frangipane

Una historia profética de amor
Si el amor de Dios por nosotros es verdadero, llevándonos a lo más profundo de Su corazón, entonces ¿cómo responderemos? Pienso en el amor de María Magdalena por Jesús. Sí, aquí en el amor que Jesús tiene por María y en su respuesta vemos destellos del amor de Cristo por la iglesia. María está en la tumba vacía de Jesús. Los apóstoles llegaron, miraron dentro del sepulcro y se fueron desconcertados. Pero María se quedó llorando.

Es de notar que Jesús no fue inmediatamente a los apóstoles; primero se presentó a una mujer. Esto nos dice que Jesús responde al amor más que a la jerarquía. Él viene primero a aquellos que más lo aman. Los apóstoles se fueron asombrados, pero había algo en el corazón desconsoladamente quebrantado de María que atrajo al mismo Jesús.

"Dile a Francis que lo extraño"

Por Francis Frangipane

Si Satanás no puede distraerlo con la mundanalidad, procurara abrumarlo con cansancio. Ciertamente, que fácil nos es auto-agotarnos; incluso las buenas obras hechas para el Señor sin tomar tiempo para recargar nuestra energía en Dios pueden agotar nuestra vida y energía.

Daniel habla de un tiempo al final de esta era cuando el enemigo “afligirá a los santos del Altísimo” (Dan. 7:25). La intención de Dios nunca fue que hiciéramos Su voluntad sin Su presencia. El poder para alcanzar el propósito de Dios proviene de la oración y de la intimidad con Cristo. Es aquí, en estrecha relación con Dios, donde encontramos un abastecimiento continuo de virtud espiritual.