Reparadores de portillos, Parte 1

Por Francis Frangipane

“Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar” (Isaías 58:12).

La reunión de los santos
Casi todos los cristianos verdaderos comparten una doctrina llamada el “rapto de la Iglesia” (1 Tesalonicenses 4:16-17). A pesar que el momento de este evento está rodeado de debate, las escrituras nos aseguran que a la final trompeta seremos arrebatados para  encontrar al Señor en las nubes (versículo 17). Por tanto, mientras los críticos dirán que Francis no cree en el arrebatamiento, la verdad es que si creo. No obstante, es completamente claro que, de acuerdo a muchas escrituras, también habrá una época de inusual gracia previo al arrebatamiento en el cual la iglesia viviente de Jesucristo, se “prepara como una esposa” (Apocalipsis 19:7).

 En este período sin paralelo de preparación, quienes estén vivos en Cristo alcanzarán un nivel de santidad y pureza que será el desbordamiento de la presencia de Jesús mismo manifestado a través de la iglesia  (1 Tesalonicenses 3:11-13; Efesios 5:2627; Filipenses 1:9-10). El resultado de este nuevo nivel de santidad será un nivel nuevo de unidad. Desaparecerán la murmuración y el hallar faltas. En su lugar habrá intercesión y amor. La sanidad regresará a la iglesia evangélica. Esto también significa que las ambiciones, contiendas y divisiones que hoy vemos entre las diversas comunidades, se identificarán como pecados, de los cuales habrá que arrepentirse antes de la segunda venida de Jesús.

El arrepentimiento precede al avivamiento

Por Francis Frangipane
 
Un verdadero avivamiento no ocurre de forma simple. Hay condiciones que deben residir en el corazón humano antes de que el Señor visite a su pueblo.

Debemos querer liberación, no solo alivio.
Con demasiada frecuencia, los ministerios de hoy buscan liberar a las personas que no están dispuestas a arrepentirse de sus pecados, que no han clamado en su corazón a Dios por ayuda. El efecto es que aquellos por los que se ora pueden recibir un alivio limitado, pero pronto vuelven a caer en el pecado y la opresión. La clave para una liberación exitosa es discernir si una persona está lista y dispuesta a ser liberada antes de que ministremos la liberación. ¿Están arrepentidos? ¿Han desechado sus ídolos? ¿Está su corazón realmente volviéndose hacia Dios?

El modelo de Dios para nosotros como individuos es también su modelo para la iglesia y la ciudad. Así como el Señor no nos libró hasta que clamamos por ayuda, la guerra por nuestras iglesias y ciudades no se ganará hasta que un número significativo de nosotros clamemos a Dios en oración. El propósito de Cristo al llevar a la iglesia de la ciudad a la oración es proporcionar las actitudes adecuadas del corazón a las que el Todopoderoso pueda responder.

El arrepentimiento y el camino que Dios llama santo

Por Francis Frangipane

Muchos están llamando nuestra nación a la oración. Me gustaría añadir a ese mensaje un llamado al arrepentimiento. Ciertamente, 2 Crónicas 7:14 no solamente nos llama a orar sino a humillarnos y a volvernos agresivamente contra la maldad. Entonces, en ese espíritu, buscamos el rostro de Dios. Hay demasiada liviandad entre nosotros. Necesitamos un irrumpimiento hacia el quebrantamiento. Hay un mover de Dios que viene, pero su profundidad alcanzara solamente el nivel al que nuestro arrepentimiento nos prepare.

El propósito de este mensaje es llevarnos más allá de decir simplemente que lo sentimos mucho, cuando hemos pecado. Dios quiere conducirnos a una actitud de arrepentimiento, qué hace que volvamos a él persistentemente hasta que se manifieste que el en nuestras vidas el fruto de justicia.

Un corazón desprotegido

Por Francis Frangipane

La idea de que un líder a quien hemos conocido y amado pueda ser de pronto expuesto en un devastador escándalo, parece incomprensible. Ciertamente estos quienes han enseñado a otros podrían enseñarse a sí mismos.  ¿No hay en todos los cristianos conocimiento bíblico que nos hubiese protegido de fracasos morales? 

¿Qué es entonces lo que puede deslizarse en la vida de pensamiento de una persona, entrar a su corazón, y luego crecer con tanta fuerza que un líder está dispuesto a arriesgar todo lo que ha amado y alcanzado en la vida por una simple realización de la carne?  ¿Es solamente pecado? ¿O es algo más profundo—una escasez de discernimiento espiritual—que deja el corazón del líder vulnerable a la manipulación demoniaca?