De pie tras nuestra pared

Por Francis Frangipane

La sensación de distancia que a menudo sentimos entre Cristo y nosotros es un engaño. Al entrar en los días de su presencia, el Señor eliminara esa falsedad. Su promesa es “en aquel día ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, y ustedes en mi, y yo en ustedes” (Juan 14:20).

Las Escrituras nos dicen que Cristo es la vid, y que nosotros somos sus ramas; El es la cabeza, Nosotros Su cuerpo; El es el Señor y nosotros somos Su templo. Desde el principio hasta el fin, la Biblia declara al Señor quien vive no solamente en los cielos, sino que existe de manera perpetua en redentora unión con Su pueblo. El foco siempre presente de Su actividad es guiarnos a la unidad con el mismo.

El bautismo del amor

Por Francis Frangipane

Morar en Dios
Para nosotros, es difícil calmar nuestras almas en esta época angustiosa y temerosa y pensar en la presencia de Dios en nuestros corazones. Podemos dedicarnos al estudio de la Biblia u otros actos de obediencia; en diversos grados sabemos cómo testificar, exhortar y bendecir. Incluso sabemos analizar estas cosas y luego perfeccionarlas. Pero elevar nuestras almas por encima del mundo material y beber conscientemente de la presencia de Dios mismo, parece algo que está más allá de nosotros. Sin embargo, captar realmente la sustancia de Dios es entrar en un lugar espiritual de inmunidad; es recibir en nuestro espíritu la victoria que Cristo obtuvo para nosotros, que es la unidad con Dios en Cristo.

Pablo nos dice que el Espíritu Santo que hemos recibido, escudriña todas las cosas: "hasta lo profundo de Dios" (1 Cor. 2:10). Podemos tener más y deberíamos de querer más. Yo soy pastor, creo en la asistencia a la iglesia y el ministerio del cuerpo. El ambiente que se crea cuando nos reunimos puede ser maravilloso. Sin embargo, por lo general, la luz espiritual que se brinda en las reuniones de la iglesia es difusa, no enfocada. Sí, podemos encontrar a Dios allí, pero las actividades de nuestra iglesia deben convertirse de alguna manera en lo que el Señor ha ordenado que sean: medios a través de los cuales buscamos y encontramos a Dios.

El clamor de Pablo fue: "Para que le conozca ..." (Fil. 3:10). Fue este deseo de conocer realmente a Jesús lo que produjo el conocimiento de Pablo sobre la salvación, el orden de la iglesia, el evangelismo y los eventos de los últimos tiempos. Como subproducto de su búsqueda por conocer a Dios, vino la revelación, la escritura de la Palabra y el conocimiento de lo eterno. El conocimiento de Pablo fue el desbordamiento de su experiencia con Cristo. Por otro lado, nos hemos contentado con estudiar los hechos de Dios, en lugar de buscar el rostro de Dios. Estamos satisfechos con una religión acerca de Cristo, sin la realidad de Cristo. La Biblia es el registro histórico de las experiencias del hombre con el Todopoderoso. A partir de los encuentros personales que la gente tuvo con el Dios vivo, se han desarrollado nuestras perspectivas teológicas. Pero el conocimiento de Dios es solo el primer paso para entrar en la presencia de Dios. Por mucho que la Biblia sea un libro de verdades, también es un mapa de Dios. Como cristianos, estudiamos y debatimos el mapa, pero con demasiada frecuencia fallamos en hacer el viaje.

El amor sobrepasa el conocimiento
Hay un lugar que trasciende las fronteras del conocimiento y el dogma; es un lugar simple pero eternamente profundo donde realmente permanecemos en el amor de Cristo. Este es, de hecho, el refugio del Altísimo. Recuerde que la oración del apóstol era que cada uno "conociera el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento" (Efesios 3:19). A pesar de que el conocimiento es tan importante, ese versículo nos dice que el amor "sobrepasa el conocimiento". El conocimiento doctrinal es un marco que abre la puerta a las realidades divinas, pero es solo el amor lo que hace que seamos "... llenos de toda la plenitud de Dios" (v. 19). Que esta sea nuestra búsqueda, que anhelemos que nuestro conocimiento de Dios se llene con la sustancia de Dios.

Consideren, amados, la versión de Efesios 3:19 de la Biblia Amplificada. Se lee:

"¡Que Cristo, a través de su fe, [realmente] more (se establezca, permanezca, haga su hogar permanente) en sus corazones! Que estén profundamente arraigados en el amor y firmemente fundamentados en el amor, para que puedan tener el poder y ser fuertes para asir y captar con todos los santos [el pueblo devoto de Dios, la experiencia de ese amor] cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad [de él]; [para que realmente lleguen a] conocer [prácticamente, a través de la experiencia de ustedes mismos] el amor de Cristo, que sobrepasa con creces el mero conocimiento [sin experiencia]; para que sean llenos [a través de todo su ser] de toda la plenitud de Dios [puedan tener la medida más rica de la Presencia divina, y llegar a ser un cuerpo totalmente lleno e inundado de Dios mismo]! " (Efesios 3: 17-19)

Que este sea nuestro objetivo: arraigarnos profundamente en el amor; comprender la amplitud, la longitud, la altura y la profundidad del amor de Dios; y conocer por nosotros mismos el amor profundo y personal de Cristo. ¿Puede alguna otra meta ser más maravillosa? De hecho, ¡estar "completamente llenos e inundados de Dios mismo" esta es la máxima esperanza del evangelio!

Adaptado del libro de Francis Frangipane, The Shelter of the Most High, disponible en: www.arrowbookstore.com.


Para que los sueños se hagan realidad

Por Francis Frangipane

Hace unos años atrás el Señor me habló a través de un sueño. Vi un templo en un campo abierto. Yo lo veía de costado desde una distancia aproximada de doscientas yardas. No podía ver su frente, aun así debía estar completamente abierto ya que una gran luz se proyectaba hacia afuera desde su interior. Palpitaba como un relámpago, y aun era solida como la luz del sol. Yo sabía que esta luz era la gloria de Dios.

El templo estaba tan cerca, que yo supe que con un pequeño esfuerzo podía entrar a la gloria de Dios. Su santa presencia estaba claramente a mi alcance. Había asimismo otros enfrente de mí que reconocí como personas de la iglesia. Todos parecían muy ocupados. Y mientras el templo y su luz eran visibles y completamente accesibles a todos, cada cabeza estaba inclinada hacia abajo y dados vuelta lejos de la luz; cada uno ocupado con otras cosas.

Reparadores de portillos, Parte 3

Por Francis Frangipane

Seamos el pueblo
Algunos de nosotros hemos clamado por años, “¿Donde están los hombres que nos llevaran a la plenitud de Cristo?" Hemos supuesto que Dios tenía otros en mente para sus propósitos. Sin embargo, lo que el Señor está diciendo, es, "Ustedes son los hombres o mujeres a quienes los otros buscan". Sean los pacificadores, los hijos de Dios que traen sanidad y orden y amor a Su iglesia.

La responsabilidad está sobre cada uno de nosotros como individuos. Hay un tremendo trabajo por delante, pero el Señor mismo ha prometido: "Y los tuyos edificaran las ruinas antiguas; los cimientos de generación en generación levantaras, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar" (Isaías 58:12).