La fortaleza del piadoso: la humildad

Por Francis Frangipane

Satanás teme a la virtud. Le aterroriza la humildad y la aborrece. Ve a una persona humilde y siente escalofríos por la espalda. Se le paran los pelos cuando los cristianos se arrodillan, porque la humildad es rendir el alma a Dios. El diablo  tiembla ante el manso, pues en las mismas áreas donde una vez tuvo acceso ahora se levanta el Señor y Satanás le tiene terror a  Jesucristo.

¿Realmente contra quién luchamos?
Antes de lanzarnos en la lucha espiritual debemos reconocer que la fuente inmediata de muchos de nuestros problemas y opresiones no es demoníaca, sino carnal en su naturaleza. Un aspecto de nuestra vida, nuestra naturaleza carnal, siempre será blanco del diablo. Estas áreas carnales suministran a Satanás una avenida de acceso lista para minar y luego  neutralizar nuestro caminar con Dios.

Rendición del que guarda la visión

Por Francis Frangipane

Caminar con Dios es caminar un sendero de entrega/rendición en aumento, y confianza. De hecho, el tiempo está cerca cuando el Señor Jesús confrontará nuestras tendencias de controlarlo a El. No solamente conoceremos doctrinalmente que Cristo es el Señor, sino que también le serviremos a El como Señor.

Cristo en nosotros
Para entender mejor los cambios que Dios está iniciando en la iglesia, vamos a estudiar la vida de María, la madre de Jesús, Más que ninguna otra mujer, Dios bendijo a María. Solo a ella le fue dado el maravilloso privilegio de dar a luz al Hijo de Dios.

El quebrantamiento crea apertura

Por Francis Frangipane
 
Hasta el momento en que Cristo entra en nuestras vidas, existe una dura capa exterior que rodea nuestras almas, una "naturaleza de supervivencia", que nos protege contra las ofensas más duras de la vida. La concha es necesaria mientras estamos en el mundo, pero se convierte en enemiga de nuestra nueva vida en Cristo, donde la naturaleza de Cristo se convierte en nuestro refugio. Así, como la cáscara de una semilla, de una nuez o de un huevo debe romperse antes de que brote su vida interior, así sucede con nosotros: la "cáscara" de nuestra naturaleza exterior también debe romperse para liberar al Espíritu de Cristo y que pueda surgir en nuestros corazones.

Esta necesidad de ser quebrantado se registra en Lucas 20. Jesucristo se describió a sí mismo como la piedra angular y la fuente misma de la vida. Sin embargo, como tal, Él también dijo que Él era, "La piedra que rechazaron los constructores" (vs. 17). Decimos que creemos en Él, pero ¡cuántas veces rechazamos la sabiduría de sus palabras cuando edificamos nuestra vida! Esta autosuficiencia y voluntad propia es lo que debe romperse antes de que podamos cumplir la voluntad de Dios, que es la semejanza a Cristo. Es solo porque todavía estamos intactos que confiamos en los caminos de los hombres en lugar de en Dios.