Muchos cristianos discuten sobre si el Diablo está en la tierra o en el infierno. Sobre si puede vivir en los cristianos o solamente en el mundo. El hecho es que el diablo está en las tinieblas. Dondequiera que haya tinieblas espirituales, allí estará el diablo.
Preparación para la guerra espiritual
Para casi todos los creyentes el término “guerra espiritual” introduce una dimensión nueva, pero no necesariamente bien recibida, en su experiencia cristiana. El pensamiento de enfrentar en batalla a los espíritus del mal, es un concepto inquietante, sobre todo porque llegamos a Jesús como ovejas perdidas, y no como guerreros. En definitiva, algunos en verdad nunca podemos iniciar la guerra espiritual, pero todos debemos enfrentar el hecho que el demonio ha comenzado la guerra contra nosotros. Por tanto, es esencial para nuestro bienestar básico que podamos discernirlas áreas de nuestra naturaleza que están sin vigilancia y abiertas a los ataques satánicos.
Las Escrituras dicen: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día” (Judas 6).
Cuando Satanás se rebeló contra Dios, fue puesto bajo el juicio eterno en lo que la Biblia llama “abismo” o “prisiones” de oscuridad. Satanás, y los ángeles caídos con él, han sido relegados a vivir en las tinieblas. Estas tinieblas no solamente significan “regiones sin luz” o áreas desprovistas de luz visible. Las tinieblas eternas a las cuales se refiere este versículo son sobre todo y en esencia las tinieblas morales, que degeneran en la oscuridad literal, pero su causa no es simplemente la ausencia de luz; es la ausencia de Dios que es la luz.
Es vital reconocer que estas tinieblas a las cuales se desterró a Satanás, no se limitan a áreas fuera de la humanidad. Sin embargo, al contrario de quienes no conocen a Jesús, nosotros fuimos sacados del dominio o potestad de las tinieblas (Colosenses 1:13). Ya no somos más prisioneros de la oscuridad si hemos nacido de la Luz. Pero si mediante la tolerancia al pecado, toleramos las tinieblas, nosotros mismos nos hacemos vulnerables a los asaltos del enemigo. Pues dondequiera que haya una desobediencia voluntaria a la Palabra de Dios, hay tinieblas espirituales y la virtual actividad de los demonios.
Es bueno recordar que el propio Señor Jesús advirtió: “Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas” (Lucas 11:35). Dentro de ti hay una luz muy fuerte. En efecto, las santas Escrituras afirman de manera categórica y firme: “Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre, la cual escudriña lo más profundo del corazón” (Proverbios 20:27). Tu espíritu, iluminado por el Espíritu de Cristo, se convierte en la lámpara de Jehová por cuyo medio El escudriña tu corazón. Desde luego hay un resplandor santo alrededor del cristiano que en verdad está lleno del Espíritu. Pero cuando albergas el pecado, “la luz que hay en ti se vuelve tinieblas.” Satanás tiene acceso legal, dado por Dios, para morar en el dominio de la oscuridad. Debemos fijar este punto: Satanás se puede mover en cualquier área de tinieblas, inclusive en las tinieblas que todavía haya en el corazón de un creyente.
La Trilladora de Dios
Un ejemplo de cómo Satanás tiene acceso al lado carnal de la naturaleza humana, se ve en la negación que hizo Pedro del Señor Jesucristo. Es obvio que Pedro falló. Pero no podemos ver con la misma facilidad o rapidez lo que sucedía en el mundo invisible del espíritu.
El Señor había advertido a Pedro que lo negaría tres veces, y así sucedió. Cualquiera que observara las acciones de Pedro esa noche, podría pensar simplemente que su negativa era una manifestación de temor. Pero, Pedro no era de naturaleza miedosa. Fue el discípulo que pocas horas antes, esgrimió una espada contra la multitud que había venido para arrestar a Jesús (Juan 18:10). No, el temor humano no hizo que Pedro negara al Señor. La negación de Pedro fue inducida satánicamente.
En efecto, Jesús había dicho al apóstol: “Simón, Simón, he aquí, Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:31-32). Detrás de la escena, Satanás había pedido y recibió permiso para zarandear a Pedro como trigo. Satanás había tenido acceso a un área de tinieblas en el corazón de Pedro.
Exactamente, ¿cómo causó Satanás la caída de Pedro? Después de comer la Pascua, Jesús dijo a sus discípulos que uno de ellos le iba a traicionar. Entonces comenzaron a discutir entre sí cuál de ellos sería el que iba a hacer esto (Lucas 22:23).
Era un tiempo muy difícil y amargo. Pues bien, durante este terrible momento dice la Biblia: “Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor” (Lucas 22:24). Iban de una actitud de choque y debilidad a una contienda sobre quién era el mayor. Sin duda, Pedro el “camina-aguas,” que era el más firme, el más audaz y el más elocuente de los apóstoles ganó la discusión. Podemos imaginar que la alta visibilidad de Pedro entre los discípulos le dejó un aire superior que fue abanicado por Satanás hacia una actitud de presunción y jactancia. En una forma muy desganada, los otros apóstoles evidentemente estuvieron de acuerdo, que Pedro era mejor que ellos. Al levantarse sobre su orgullo, Pedro estaba listo para la caída.
La Escritura nos dice: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Proverbios 16:18). La soberbia causó la caída de Satanás y éste usó la misma oscuridad para provocar la caída de Pedro. Lucifer, por su propia experiencia, conocía bien el juicio de Dios contra la envidia y el orgullo religioso. Satanás no tenía derecho a as altar y destruir indiscriminadamente a Pedro. Antes de poder ir contra el apóstol, debía obtener permiso de su Señor. Pero el hecho es que el diablo solicitó permiso...y lo consiguió.
Adaptado de Los Tres Campos de la Lucha Espiritual, disponible en www.arrowbookstore.org.