Superando el Desánimo

Por Francis Frangipane

Los judíos habían sido derrotados por Nabucodonosor y, debido a su larga y extendida rebelión contra Dios, el Señor permitió que fueran exiliados a Babilonia. Sin embargo, ahora su tiempo señalado de juicio había pasado; era hora de que se cumpliera la promesa del Señor. De hecho, Él les había asegurado: "Después de setenta años... yo os visitaré, y cumpliré mi buena palabra sobre vosotros, haciéndoos volver a este lugar" (Jeremías 29:10 RV).

Iniciado por el ayuno y la oración del profeta Daniel, Israel había entrado en una temporada de visitación divina: se levantaron hombres con integridad y visión y llegaron provisiones financieras. La demostración de la gracia divina había creado una atmósfera de asombro y emoción entre el pueblo de Dios: ¡Él estaba "haciendo que [ellos] regresaran" a Israel! Sin embargo, cómo los trajo de regreso fue igual de milagroso: el Dios de Israel se reveló a sí mismo al rey Ciro de Persia, un rey gentil, y de hecho "[le] designó para edificar [al Señor] una casa en Jerusalén" (2 Crónicas 36: 23). De hecho, Ciro alentó una ofrenda nacional para el viaje de Israel; restauró los tesoros tomados por Nabucodonosor de Israel y emitió un edicto real, autorizando legalmente el regreso de los judíos a Israel.

La misericordia triunfa sobre el juicio

Por Francis Frangipane

Hoy en día, multitud de cristianos “creyentes de la Biblia" no se detienen antes desahogar su ira y amargura contra os Estados Unidos de Norteamérica y sus pecados. Es comprensible, ha habido mucho por qué llorar. Debemos estar profundamente perturbados, como Lot, con la "conducta de hombres sin principios morales" (2 Pedro 2: 7). Si no tomamos acción ungida, debemos como mínimo ser movidos al llanto y a la oración.

Sin embargo, en el momento en que pensamos que nuestra guerra es "contra carne y sangre", o comenzamos a pedir la ira divina contra las personas, nos salimos de la voluntad de Dios. De hecho, cuando los discípulos de Jesús pidieron que cayera fuego sobre los samaritanos, Él claramente les dijo: "Vosotros no sabéis de qué espíritu sois" (Lucas 9:55).

Éste es exactamente nuestro problema: la gente de la iglesia no conoce la diferencia entre un espíritu crítico y el Espíritu de Cristo, el Redentor. De hecho, no somos enviados como profetas del Antiguo Testamento, clamando fuego y juicio sobre los pecadores.

La visión para nuestros tiempos

Por Francis Frangipane

Cristo, nuestro mentor perfecto
Hoy, quizás más que en cualquier otro momento de la historia de nuestra nación, nos encontramos en una encrucijada. ¿Se moverá esta nación hacia el cielo o hacia el infierno? ¿Veremos un despertar nacional o una destrucción nacional? Estoy completamente convencido de que, si defendemos nuestras ciudades y vecindarios, si un remanente en la iglesia verdaderamente llega a ser como Cristo en oración, carácter y motivos, finalmente veremos la gloria de Dios caer nuevamente sobre nuestra tierra.

Sin embargo, poseer la gloria de Cristo nuevamente a través de la iglesia significa, entre otras cosas, que los líderes piadosos necesitarán ser mentores y entrenar a los discípulos en el camino del Señor. Simplemente no tenemos suficiente tiempo para madurar espiritualmente al ritmo actual. No solo necesitamos la revelación del potencial de Cristo en nosotros, sino que necesitamos la impartición de líderes que están caminando en cierta medida a semejanza de Cristo ahora (ver Rom 1:11; 1 Tes 2:8). Necesitamos que los padres espirituales de la iglesia acepten que, si bien no son perfectos, Dios puede usarlos para guiar y capacitar a pastores, intercesores y futuros líderes de la iglesia.